De repente, un día miras la boca de tu hijo y notas algo raro: un diente “nuevo” (de los definitivos) tiene una mancha blanca, amarillenta o marrón. A veces parece tiza; otras, parece que el esmalte está “apagado”. Y lo más desconcertante es que, sin caries visible, el niño se queja: “me duele con el frío”, “me molesta al cepillar”, “no puedo morder ahí”. Si esto te suena, puede que estemos ante la Hipomineralización Incisivo-Molar, conocida por sus siglas: MIH.
La MIH es un problema real y bastante más frecuente de lo que la gente cree. Afecta sobre todo a molares permanentes (los “molares de los 6 años”) y a menudo también a incisivos definitivos. Lo complicado es que no es un simple tema estético: la calidad del esmalte está alterada, y eso puede traducirse en hipersensibilidad, roturas del esmalte, dificultad para mantener una buena higiene y, por desgracia, un mayor riesgo de caries.
En Clínica Dental Pelegrina & Co, en Leganés, tratamos a familias que llegan con la misma pregunta: “¿Esto es caries o qué pasa?”. Y es normal: la MIH puede confundirse con manchas por fluorosis, con caries incipientes o con defectos del esmalte. La diferencia está en el diagnóstico y, sobre todo, en el plan: con MIH, la estrategia no es solo “taparlo”, sino proteger, reducir sensibilidad, mejorar higiene y elegir tratamientos que aguanten en dientes que, de base, son más frágiles.
Qué es la MIH y por qué aparece justo en dientes “nuevos”
MIH: un esmalte que se formó “a medias”
La Hipomineralización Incisivo-Molar es un defecto del esmalte que ocurre durante su formación. Dicho sin tecnicismos innecesarios: el diente definitivo se estaba construyendo y, por distintos motivos, el esmalte quedó menos mineralizado de lo que debería. Eso lo hace más poroso, menos resistente y más sensible a estímulos térmicos y mecánicos.
Esto explica por qué suele detectarse cuando erupcionan los molares permanentes (alrededor de los 6 años) y los incisivos. El diente sale, y de pronto se ve el defecto. No es que haya “aparecido” de un día para otro; es que ya venía así desde dentro.
Cómo se ve la MIH: señales típicas
- Manchas blanco-crema con aspecto mate o “tizoso”.
- Manchas amarillas o marrones (suelen indicar un defecto más severo).
- Esquinas o zonas del esmalte que se rompen con facilidad, incluso sin caries aparente.
- Sensibilidad al frío, al cepillado o al masticar.
- Dificultad para anestesiar en tratamientos si el niño llega con dolor o inflamación (sí, puede pasar).
¿Puede afectar solo a un diente?
Puede. Hay niños con un solo molar afectado y otros con varios. También es frecuente que un molar esté peor que otro. Esa “asimetría” es una pista clínica: la MIH no siempre afecta de forma uniforme.
¿Es lo mismo que la fluorosis?
No. La fluorosis suele generar manchas blancas más difusas y, a menudo, simétricas. La MIH tiende a presentar opacidades más delimitadas y, sobre todo, se asocia con sensibilidad y rotura del esmalte en molares. Aun así, no conviene autodiagnosticarse: hay que verlo en clínica.
MIH vs caries: el error típico
La caries es un proceso de desmineralización por bacterias y ácidos. La MIH es un esmalte que nace con menor calidad. En un niño con MIH, puede haber zonas manchadas sin caries, pero con mayor riesgo de desarrollarla. Por eso el enfoque cambia: no siempre hay que empastar “porque sí”, pero sí hay que blindar el diente para que no acabe en caries profunda.
¿Por qué aparece? Causas probables (y por qué no es culpa de nadie)
La causa exacta de la MIH no se atribuye a un único factor. Se considera un problema multifactorial: pueden influir condiciones médicas o ambientales durante periodos clave de desarrollo del esmalte (primeros años de vida). Y aquí es importante decirlo sin rodeos: no es “por cepillar mal” ni suele ser “por comer dulce” en origen, aunque el dulce sí puede empeorar el pronóstico si el esmalte ya es débil.
Factores asociados con más frecuencia
- Procesos infecciosos o fiebre alta en la primera infancia.
- Complicaciones perinatales o prematuridad en algunos casos.
- Uso de ciertos medicamentos en periodos concretos (según historial).
- Alteraciones respiratorias o episodios sistémicos relevantes durante la formación del esmalte.
Lo que sí sabemos: el esmalte sale más poroso
El punto clave clínico es el resultado final: un esmalte más poroso y frágil. Eso hace que el diente sea más vulnerable. Y, por tanto, el tratamiento tiene un objetivo doble: proteger y hacer la vida más cómoda (adiós sensibilidad y miedo a cepillarse).
Por qué duele tanto y por qué el niño evita cepillarse
Cuando el esmalte está hipomineralizado, se comporta como una “esponja” en comparación con un esmalte sano. Deja pasar estímulos con más facilidad y, en algunos casos, el defecto está tan cerca de la dentina que el niño nota el frío, el calor o el cepillo como una agresión.
El círculo vicioso: sensibilidad → peor higiene → más riesgo
El niño evita cepillarse donde duele. Si evita cepillarse, se acumula placa. Si se acumula placa, el riesgo de caries aumenta. Y si aparece caries, el dolor puede dispararse. Por eso, en MIH, una intervención temprana es una inversión: rompe el círculo.
¿Te ha pasado que el niño “no se deja” en el dentista?
Con MIH severa, es relativamente común que los molares sean más difíciles de tratar: hay sensibilidad, hay ansiedad, a veces hay inflamación. Esto no significa que el niño sea “difícil”; significa que ese diente está dando guerra. Un plan de tratamiento adaptado y progresivo suele mejorar muchísimo la cooperación.
Diagnóstico y tratamiento de la MIH en Leganés: opciones según la gravedad
No existe un único tratamiento para la MIH. El enfoque depende de la severidad, del número de dientes afectados, de la edad del paciente, del riesgo de caries y de si hay o no dolor. En Clínica Dental Pelegrina & Co trabajamos con una lógica clara: primero controlamos sensibilidad y protegemos; después, restauramos lo que haga falta con materiales y técnicas que encajen con ese tipo de esmalte.
Cómo se diagnostica bien (y por qué la clasificación importa)
Diagnosticar MIH no es solo “ver una mancha”. Se evalúa la localización (molares e incisivos), el tipo de opacidad, si hay fractura del esmalte, el nivel de sensibilidad, el riesgo de caries y la presencia de lesiones activas. Con esa información, se decide el plan.
Evaluación clínica: lo que miramos en consulta
- Color y delimitación de las manchas (blanco/amarillo/marrón).
- Integridad del esmalte (si hay descamación o rotura post-erupción).
- Sensibilidad al aire, al frío o al cepillado.
- Presencia de placa y estado de encías alrededor (higiene real, no la “ideal”).
- Riesgo de caries global (hábitos, dieta, saliva, historial).
Radiografías: cuando ayudan
En algunos casos, las radiografías permiten descartar caries interproximales o valorar si hay afectación más profunda. No siempre son necesarias de entrada, pero cuando aportan información, se utilizan de forma justificada.
Tratamientos para MIH leve: proteger, reforzar y reducir riesgo
En MIH leve, el esmalte está alterado pero no se rompe fácilmente y la sensibilidad es manejable. Aquí el objetivo es reforzar y prevenir.
1) Barnices y productos de alta concentración: control profesional
El uso de barnices remineralizantes o desensibilizantes, aplicado en clínica, puede reducir sensibilidad y ayudar a fortalecer la superficie. La indicación depende del caso, pero es una herramienta muy útil en niños con molestias al cepillarse.
2) Selladores de fisuras en molares definitivos
Los “molares de los 6 años” tienen fisuras profundas. En MIH, esas fisuras son todavía más vulnerables. Un sellador bien indicado y bien colocado puede reducir el riesgo de caries de forma drástica. Eso sí, la técnica importa: aislamiento y control de humedad son clave para que el sellador dure.
3) Instrucciones de higiene adaptadas (sin guerra en casa)
Si cepillarse duele, hay que ajustar herramientas y rutina. A veces se recomienda un cepillo suave o eléctrico con control de presión, y una pasta adecuada para sensibilidad, siempre adaptada a la edad. El objetivo es que el niño no “huya” del cepillo.
Lista práctica: lo que suele ayudar en casa
- Cepillado corto pero constante: mejor dos minutos suaves que “un cepillado heroico” una vez.
- Temperatura: agua templada en lugar de fría si hay sensibilidad.
- Supervisión: a los 6–8 años, la destreza aún no es la ideal, aunque el niño “quiera hacerlo solo”.
- Interdental: si hay espacios o apiñamiento, se valora introducción progresiva de hábitos con ayuda.
Tratamientos para MIH moderada o severa: cuando el esmalte se rompe o el dolor manda
En MIH moderada o severa, puede haber fractura del esmalte post-erupción (se descama al poco de salir) y dolor relevante. Aquí hay que actuar con una combinación de control del dolor y restauración resistente.
1) Restauraciones en composite: cuando toca reconstruir
Si hay pérdida de estructura, el composite puede ser una solución. Pero en MIH el esmalte es “especial”, así que se requiere buena estrategia adhesiva y diseño de restauración para que sea estable. En algunos casos se prioriza la adhesión en dentina y la protección de cúspides cuando el molar está debilitado.
2) Coronas pediátricas o coberturas completas en molares afectados
En molares con MIH severa, donde el esmalte se rompe de forma repetida, puede considerarse una cobertura más completa para proteger el diente y evitar recambios constantes. La indicación depende de edad, grado de destrucción y pronóstico. La idea no es “poner por poner”, sino evitar que el diente entre en un ciclo de empastes que fallan.
3) Control de sensibilidad: no se puede restaurar bien si todo duele
Antes o durante el tratamiento, se trabaja la sensibilidad con medidas desensibilizantes y técnicas clínicas que reduzcan el dolor. Esto mejora la experiencia del niño, la cooperación y la calidad del resultado final.
4) Cuando hay caries asociada: tratamiento conservador y planificado
La MIH no es caries, pero aumenta el riesgo de caries. Si hay caries activa, se trata eliminando tejido afectado y restaurando con la técnica adecuada. Lo relevante es entender que el “margen de error” es menor: hay que sellar muy bien y hacer controles.
5) ¿Y la extracción? Solo en casos muy seleccionados
En MIH severa, cuando un molar definitivo tiene mal pronóstico por destrucción extensa, dolor recurrente o tratamientos fallidos, en ocasiones se valora la extracción planificada. Esto no se decide a la ligera: se considera la edad, el desarrollo dental y la planificación ortodóncica si fuera necesaria. Es una opción excepcional, pero existe.
La importancia de coordinarse (cuando procede)
En algunos casos, se trabaja de forma coordinada con ortodoncia o con un plan preventivo intensivo. La MIH afecta a la estructura del esmalte; la ortodoncia y la oclusión pueden influir en el mantenimiento y la higiene. Un plan ordenado evita improvisaciones.
Errores típicos que conviene evitar
- Esperar a que duela “mucho”: si el niño ya está con dolor fuerte, el manejo es más complejo.
- Minimizar la sensibilidad: “será que es quejica” no ayuda; la MIH puede doler de verdad.
- Tratar todo como caries: puede llevar a intervenciones innecesarias o mal orientadas.
- No controlar la higiene por dolor: si el niño no se cepilla por sensibilidad, el riesgo se dispara.
¿Cuánto dura el tratamiento?
Depende del caso. Algunos niños necesitan una fase corta de protección y sellado; otros requieren restauraciones y controles más frecuentes. Lo importante es entender la MIH como un proceso que se gestiona: se estabiliza, se protege, se restaura si hace falta y se revisa para que no se deteriore.
Plan de mantenimiento: lo que suele marcar la diferencia
Una vez estabilizados los molares e incisivos con MIH, el seguimiento periódico permite detectar desgaste, microfracturas o desadaptaciones antes de que vuelvan el dolor y la sensibilidad. En niños con MIH, el mantenimiento no es “capricho”: es parte del tratamiento.
MIH en incisivos: estética y autoestima (sin dramatizar, pero sin ignorarlo)
Cuando la MIH afecta a incisivos, la preocupación suele ser estética: manchas visibles en dientes delanteros. Aquí se valora el tipo de mancha, la edad y la estabilidad del esmalte. Hay opciones para mejorar el aspecto de forma progresiva, siempre priorizando la salud del diente y evitando tratamientos agresivos prematuros.
Preguntas frecuentes que escuchamos en Leganés
¿La MIH se cura? No “se cura” como una infección, porque el esmalte ya se formó así. Pero sí se puede controlar, proteger y tratar para que el niño no sufra dolor y el diente se mantenga funcional.
¿Es contagiosa? No. No es una infección transmisible.
¿Puede empeorar? Puede empeorar si el esmalte se fractura, si hay mucha sensibilidad y el niño evita la higiene o si aumenta la caries. Por eso el plan temprano es clave.
¿Puede afectar a los dientes de leche? La MIH se define por afectar a incisivos y molares permanentes, pero existen defectos de esmalte en dentición temporal que pueden coexistir. Se evalúa individualmente.
Cuándo conviene pedir valoración
- Si ves manchas delimitadas en molares o incisivos definitivos.
- Si el niño refiere dolor con frío, cepillado o masticación.
- Si el molar “nuevo” se rompe o se descama con facilidad.
- Si hay caries repetidas en molares permanentes recientes.
MIH y prevención de caries: el enfoque inteligente
En un niño con MIH, no se trata solo de “hacer empastes cuando salgan caries”. Se trata de reducir el riesgo desde el principio: selladores cuando proceda, control del biofilm, dieta con menor frecuencia de azúcares, y un plan de revisiones adaptado. Si se hace bien, el pronóstico mejora de forma notable.
Por qué es importante una clínica acostumbrada a tratar MIH
La MIH no es rara, pero exige experiencia clínica: los dientes se comportan distinto, la sensibilidad complica la higiene y el niño puede llegar con miedo. Un abordaje técnico y humano, con tiempos adecuados y una estrategia por fases, suele evitar muchos problemas futuros.
En Clínica Dental Pelegrina & Co (Leganés) trabajamos con un enfoque conservador y preventivo, priorizando que el niño esté cómodo, que el diente quede protegido y que la familia tenga un plan claro. No es “arreglar una mancha”; es cuidar la salud bucal en una etapa clave del desarrollo.